Un aprendizaje de este año

En este 2025 (a finales), por fin hemos conseguido el auto en firme de la adopción de nuestro hijo pequeño y con él he aprendido muchísimo sobre vínculo y amor.  Mucho más que con mis hijos biológicos sí, porque con ellos era todo «natural», venía en el pack de embarazo y parto. El amor estaba implícito, pero cuando no pares a tu criatura, el esfuerzo por crear un apego seguro y que haya amor por ambas partes, es más difícil, así de claro.

Porque no es (todo) el embarazo, el parto y la lactancia. Es el amor incondicional hacia un hijo lo que crea el vínculo, lo que enreda vuestros corazones y lo que hace que seáis una sola persona.

Cuando adoptas puede que eches de menos el haberle tenido en la tripa, sentirle, hablarle, parirle y verle nacer, darle el pecho,… pero con el tiempo te das cuenta de que tu hijo o hija te mira con admiración, con amor infinito y con la ternura de un bebé que adora locamente a su mamá.

Hemos aprendido tanto (y seguimos haciéndolo) de este pequeño, que le estaremos agradecidos toda la vida. Porque su dependencia hacia nosotros, su vínculo y apego, su necesidad de buscarnos y tenernos cerca es tan sana como fue la de sus hermanos, sin haberle ofrecido una llegada a este mundo del mismo modo.

Las heridas se cuidan y se cierran, y las cicatrices se besan y se honran. No hemos tenido mejores maestros que las 3 criaturas a las que estamos criando. Gracias por tanto hijos, gracias.