Sostener

El embarazo es cuerpo. El parto es tierra, cuerpo, fluidos. La crianza es cuerpo, es física, es materia. La vida es cuerpo.

Sostener cada sentimiento, tuyo y de los tuyos, sostener cada emoción, cada necesidad, cada deseo,… es ponerle cuerpo, mente y alma.

SOSTENER (con mayúsculas) se hace una tarea muy dura en ocasiones, es una “servidumbre” desinteresada en donde ponemos todo de nuestra parte pero tratando de equilibrar nuestro espacio, tiempo y necesidades (si es que lo conseguimos). 

Y las noches interminables, con despertares y vueltas en la cama. Agua. Teta. Pis. Miedos, llantos y mirada al techo durante horas. Agotadoras, intensas pero llenas de amor y sostén hacia tus criaturas, que no saben ni quieren (ni deben) aprender a dormir solos. Porque no están preparados, porque necesitan de nuestro calor y tacto.

Y es durísimo porque implica muuucho cuerpo y entrega, pero el día en el que lo comprendemos, dejamos de luchar y nos ablandamos y entregamos al amor. La noches no son mejores, pero se llevan mucho mejor.

Estar ahí, que parece simple, es lo más complejo de todo. Acompañar sin pretender que todo acabe rápido, sino dando tiempo y espacio a las cosas. Sin juicios ni valores, estar ahí, así de simple, así de complejo.

Pero cuando tenemos presencia real en las cosas y sostenemos nuestras historias de vida, de repente se da la magia y todo es más llevadero. La carga se reparte, nace el autocuidado y el autoconocimiento, el vínculo es real y nuestras necesidades están cubiertas de manera óptima.

No es un camino fácil, y se tuerce con facilidad, pero “estar ahí” es lo que hace de pilar, y debemos saber colocarnos para ser como el junco, que se dobla antes de partirse.