Sin luz

– Podemos quedar a oscuras y sin conocernos vamos tanteando nuestros cuerpos. Si físicamente, lo que tocamos nos gusta, las manos pueden dar paso a los brazos, la boca, la lengua,… Y cuando estemos tan enredados que no podamos soltarnos en días, empezaremos a mirarnos a los ojos para averiguar qué hay detrás de ese sexo, del sudor y los escalofríos.

Si eso también nos gusta será el momento de hablar y conocer nuestras voces y palabras. Pero puede que todo salga mal y tras las palabras lleguen los sueños y planes. Será demasiado tarde para desenredarse, porque nuestras costillas estarán enganchadas y lo que antes eran dos, ahora será uno…

– Apaga la luz, por favor.