Últimamente ando trabajando la paciencia. Con todo en general: en la crianza, en el trabajo, en la pareja, en la casa,… y a ratos se me hace fácil y otras ufff!!
La paciencia no es solo esperar, meditar y estar quieta. Es saber acompañar situaciones complicadas, largas, extensas o que te sobrepasan por todos los lados.
Para mí, está siendo in camino en donde debo concentrarme en mí misma para no perder el foco, apartar la paja del camino y seguir la verdadera senda que quiero seguir.
No perderme en los detalles que me restan, no tratar de tener la respuesta o la solución a todo. Trabajar la paciencia también es soltar y aprender a perder, llorárselo todo, rendirse a lo que venga, fluir sin darle más vueltas a las cosas.
La maternidad es sin duda el mejor gimnasio para trabajar todo esto 😅 pero la vida entera nos hace de escenario para trabajar la paciencia, colocarnos a nosotras en el centro y priorizar nuestras necesidades.
Estas dos últimas semanas han sido realmente intensas (con una inundación de casa incluida) pero poco a poco me echo unos llantos, unas risotadas y tiramos palante.
Cada vez creo menos en las gurús, en las guías y las autoras de manuales para (sobre)vivir. A veces llevo las riendas y otras voy arrastras, pero voy, que no es poco.
Paciencia y amor en lo que hago, no hay más.
¿Sabes esa sensación cuando una gran ola te tira al suelo, te revuelca y desorienta en la playa? ¿Cuando sacas la cabeza por un instante fuera del agua y, sabiendo que va a venir otra ola, tomas aire rápidamente para no ahogarte? Ese miedo en el cuerpo, esa lucha ferviente por no volver a caerte y poder estabilizar tu cuerpo para acercarlo a la orilla y descansar (o sobrevivir). Así me siento amiga, así me siento.
Hace un mes que he acompañado el parto más duro para mí, el más difícil de superar. Y a día de hoy, todo el posparto está siendo un auténtico reto para mi capacidad de sostener y soltar juicios. De ayudar por el mero hecho de pensarme en su lugar y aterrarme de las consecuencias.
¿Qué pasaría si nadie pusiera el amor por delante de los intereses? Si nos dejásemos hundir entre las olas y acariciásemos el fondo sin que una mano tirase de nosotras para llevarnos a flote.
Esto está siendo un viaje brutal y no sé si saldré bien parada, pero aún tengo fuerzas para sacar la cabeza del agua y ver la orilla a lo lejos…
Voy a por ella amiga, voy a por ella.
