Lo perfecto y lo correcto en la crianza

¿Queremos ser buenas madres o perfectas? A menudo me pregunto si nuestras expectativas en la crianza son posibles en el sistema en el que criamos. En estas fiestas me he dado cuenta del nivel de exigencia que tenemos muchas familias (sobre todo las madres) para que todo salga perfecto: los regalos y los juguetes, las reuniones con la familia, la comida, las actividades de las vacaciones,… Todo. Absolutamente todo. 

¿Y qué pasa si pretendemos estar en la perfección todo el rato? Pues que petamos, ya te lo digo yo, al final petamos. Por un lado o por otro, con más o menos fuerza, pero nos quebramos. Porque es imposible ser la perfecta anfitriona de la fiesta, la madre modelo que no grita y todo lo resuelve hablando, buscar los regalos adecuados para sus actividades sensoriales, comprar la comida más sana y, a ser posible, ecológica, y un largo etcétera.

Por eso, reflexionando en estos días me he dado cuenta de que no es cuestión de estar en la perfección absoluta, sino en lo «correcto». Me explico. 

Imagina una habitación acogedora, con una luz preciosa, cojines cómodos para tumbarse y relajarse, todo muy agradable. Una habitación en donde toda tu familia está a salvo, pasando un buen rato y en donde no te tienes que preocupar por nada porque todo está bien. Hay chuches, pero no muchas. Hay pantallas, pero solo un rato. Hay comida sana, pero no ecológica. Hay juguetes, y algunos son de plástico y suenan. Pero el ambiente está relajado, sin conflictos, y todo se sucede de manera tranquila y en calma. Está todo correcto.

En el centro de la habitación hay una pequeña canica resplandeciente, es la absoluta perfección. Si toda tu familia toca la canica, todo pasará de ser «correcto» a ser «perfecto». Todo será tal cual tú quieres: comida ecológica, juguetes de madera montesori, calzado barefoot, cero pantallas, nada de chuches, celebraciones paganas con cantos a la luna,… ¡Lo que se te ocurra!
Pero si un miembro de tu familia deja de tocar la canica, ¿qué pasa? ¿Qué pasa si un peque quiere chuches? ¿Y si tu pareja pasa del calzado respetuoso? ¿Y si tu madre les regala a tus peques una batería de luces y sonidos estridentes? ¿Qué pasa entonces? 

Por experiencia propia, y por lo que veo en mis amigas y compañeras, lo que pasa después es que nos tiramos días desreguladas, ansiosas tratando de que todos vuelvan a tocar la canica cuanto antes. Necesitamos estar en la perfección, sin valorar que nos rodea una habitación acogedora en donde las cosas no son perfectas, pero están bien. Porque no pasa nada si un día ven 5 películas, o si se comen unas chuches en un cumple, si el abuelo les regala unas botas rígidas o si en un momento de ira, una de tus peques pega y grita para expresar lo que siente. De verdad, que no pasa nada. 

Poco a poco, y si estamos en calma, las cosas volverán a lo correcto, y en ocasiones podremos ser perfectas y en otras, pasaremos el día como podamos.

No debemos y ni tenemos que cargar con la responsabilidad de blindar a nuestra familia en una excelencia que nos haga levitar como seres de luz. Tenemos prioridades, sí, pero no siempre se pueden cumplir, y aceptar esa frustración de no estar siempre en el top de las familias respetuosas y conscientes, es una lección de vida increíble. Y te lo digo por experiencia propia, porque yo he petado, me he roto por querer cumplir una metas imposibles en un sistema que no prioriza la infancia, y en una familia en donde, afortunadamente, todos tienen opinión y criterio. Porque cada una hacemos las cosas como queremos y, en muchas ocasiones, como podemos​. 

Así que mi consejo de hoy es que te quedes en esa habitación en donde todo está correcto, en donde puedes soltar y vaciar, en donde puedes llenarte de paz y de calma sin tener que cumplir con todos los check de la lista a la perfección. En donde todos y todas estén sanos, estén felices y, sobre todo, estén tranquilos para ser ellos mismos. La maternidad no es de color pastel y no debe estar guiada por influencers ni predicadoras de la vida en familia, la maternidad es algo muy personal y así debe ser: adaptada a vuestras necesidades, a vuestras prioridades y sobre todo a vuestra situación única.

Deja los manuales, deja de compararte, deja de querer llegar a ningún lado.

Simplemente sé, ten presencia y ofrece a tu familia (y a ti misma) una habitación en donde, pase lo que pase, todo esté bien. En el grado en el que sea, pero que no te suponga ningún tipo de ansiedad, frustración, miedo o carga, porque entonces ya no es maternidad es competición.