Hoy os quiero hablar de otro gran tabú entorno a la mujer: el aborto electivo. Sí, cuando una mujer embarazada decide dejar de estarlo, una interrupción voluntaria del embarazo.
En España está permitido hasta las 14 semanas de gestación y en menores de 16 y 17 años se precisa la autorización de las madres/padres. En el año 2019, 99.149 mujeres (11,5 de cada 1000) lo llevaron a cabo en una de las 211 clínicas especializadas de nuestro país. El 90% de los casos fue a petición de la gestante y el resto por anomalías fetales incompatibles con la vida. Pero todo esto son datos, ¿sabes realmente por lo que pasa una mujer que decide abortar?
Yo sí, y es una auténtica mierda. Antes de nada os debo decir que estoy completamente a favor del aborto inducido pero aun queda mucho por trabajar, sobre todo en el aspecto emocional. Porque una mujer que va a interrumpir su embarazo puede hacerlo por muchos motivos pero siempre se pasan nervios y miedo. Por si todo saldrá bien, por si alguien se entera, por el qué dirán, por el si es la mejor decisión,… Millones de juicios de la sociedad que nos calan y aunque tengamos muy clara nuestra elección, los rumores están ahí y nos agobian.
Escribiendo esto aun me pregunto si lo debo contar, si debo escribir sobre un proceso tan personal como este en redes sociales, pero sinceramente, me sirve de ejercicio para atravesar muchos nudos que tengo sin cicatrizar. Y es que el procedimiento es frío, mecánico y deshumanizado, o así lo sentí yo, porque con 16 o con 45 años das igual, eres un número más. Yo aborté a los 26 años, de 7 semanas, y al querer mirar el monitor mientras me hacían una eco unos minutos antes de la intervención, el obstetra me giró la pantalla y me dijo «¡¡No mires!!». Aun hoy me duele y me hubiese gustado verlo.
Y sí, claro que te informan de las ayudas que tienes si decides tener a tu bebé, y de los riesgos que tiene el procedimiento (sea químico o quirúrgico), pero te dan un taco de folios y a correr! ¿Psicólogas? Ninguna. ¿Ayuda emocional? Cero.
Y así, te enfrentas a una intervención hospitalaria, al lado de otras cuantas mujeres con el único apoyo de las miradas cómplices llenas de incertidumbre en una sala llena de camas y goteros. Y vas viendo cómo te acercan al quirófano mientras entra una, y otra, y otra,… Y ahora vas tú.
Recuerdo entrar en la sala y hablar con la enfermera en tono amable. Ya estaba allí el ginecólogo que (creo) me explicó algo del proceso pero ni le escuché. Llegó el anestesista y dijo: «¡Hola!». Yo me quedé callada hasta que me dijo: «Te lo decía a tí», entonces le contesté como pude con una media sonrisa. En ese momento la enfermera me comentó que ahora me sedarían y comencé a llorar a moco tendido. Ella se me acercó y me dió ánimos. Creo recordar que me preguntó si tenía miedo y solo puede responder que sí con la cabeza. ESTABA ATERRADA.
El anestesista me dijo que me quemaría un poco la anestesia y… desperté con ganas de vomitar en la misma sala donde todo había comenzado. Otras mujeres me veían despertar como yo había visto a otras, y la rueda seguía girando.
Y tras media hora de descanso me dieron mi ropa, un ibuprofeno y una compresa. Para casa maja, aquí no ha pasado nada. Y casi ni sangré.
Recuerdo que iba con mallas y un forro polar morado. La enfermera de la salita me dijo muy risueña «¡Ya estás lista para hacer deporte!» Yo era un puto zombie pero sonreí.
Al salir mi madre y mi ex pareja me esperaron y mi madre, muy en su línea, me dijo; «Te podías haber arreglado un poquito». Claro, porque ¿quién no se pone de largo para un proceso quirúrgico? Otra espinita.
Durante días no podía pensar en otra cosa: «¿Qué me han hecho?», «¿Y si me han sacado fotos?», «¿Y si me han tocado?»,… Mi mente no paraba pero no lo hablé con nadie. A día de hoy aún me lo pregunto, pero ya sé que nadie me va a responder a eso. He releído mis informes y son de risa. Escuetos y superficiales. Sin más.
Así que sí, es genial poder elegir, pero en ocasiones la elección es muy dura y el apoyo social nulo. No lo cuentes, qué vergüenza, eso es de mala mujer, de fresca, de poco cuidadosa, ¡qué deshonra!
Mujeres, reuniros en grupo, hablad de estas cosas y no os dejéis ninguna duda o miedo sin tratar con profesionales u otras mujeres de vuestro entorno (hayan pasado o no por lo mismo). Y si no tenéis a nadie, aquí estoy yo y la comunidad de Siembra de Luna. Juntas es más fácil, siempre.
Si quieres comentarme algo sobre tu experiencia o sobre cualquier opinión, escríbeme. LOVE.
