De mujer a mujer

Como mujer que trabaja para mujeres, es fundamentar escuchar a todas las mujeres que nos soliciten acompañamiento, ayuda y consejo. Nosotras somos sus acompañantes y debemos aprender a escucharlas de manera activa para entender su situación y poder ayudarlas de manera ágil y acertada.

Siempre que sea posible, los encuentros deben ser en persona y en un ambiente tranquilo y relajado, pero en ocasiones, la terapeuta menstrual o la asesora de lactancia no estará físicamente junto a la mujer tratada en una sesión y podrán hablar por video-conferencias. Aun así, el lenguaje no verbal es el 95% de la conversación. La escucha activa se da cuando nuestra mente está atenta en la conversación y cuando nosotras, de manera física nos implicamos y demostramos interés en la misma.

El contacto visual constante (de manera relajada), el rostro, los pies, los brazos y piernas,… son puntos muy importantes desde donde se demuestra que tenemos empatía con el interlocutor y que estamos teniendo una escucha activa.

Es fundamental estar al 100% atentas de todas y cada una de las mujeres que nos vengan a consultar, pues no tratamos solo lo físico sino las energías, las emociones, los traumas, los miedos,… y ellas deben abrirse ante nosotras sintiendo que están arropadas por nuestra atención y sabiduría.

Somos acompañantes, que las dan la mano y las sujetan y sostienen en cualquier momento. Mirar a los ojos y ver más allá de los físico es muy importante para dar un buen servicio y acompañar todo a aquello por lo que las mujeres acuden a nosotras. Debemos empoderarlas desde la confianza y la comprensión, de mujer a mujer.