Carta a mi hija dada en adopción.

Estando en la formación de adopción nacional, nos propusieron un ejercicio de empatía que hoy quiero compartir contigo. El ejercicio decía «Escribe una carta como si fueras una madre biológica para que la lea tu criatura en el futuro, explicando quién eres y por qué no está contigo«. Y esta fue mi respuesta:

«¿Cómo empiezo esta carta? ¿Querida hija? ​Pensarás que no eres querida​, ni que eres mi hija​. Razón no te falta si piensas así porque ​eres ​»hija mía​» pero no eres ​»mi hija​» ¿Y querida​? Mucho​, muchísimo​.

​No hay día en que no piens​e en nuestra separación​. Es la cosa más horrible que he hecho en mi vida y de la que más me arrepiento​. Tener la posibilidad de elegir no significa que la elección sea fácil​. En ese momento lo medité y lo pensé mucho tiempo​, pero la mejor opción para ambas fue separarnos​, a pesar del dolor​.
​No quiero pensar en que te abandoné y no quiero que te sientas abandonada y desamparada​. Sabía que una familia en mejores condiciones que yo podría ofrecerte una vida más fácil y feliz​. Por eso te pienso desde la idea de que tus cuidados son los adecuados ahora y que​, a largo plazo​, todo será mejor para ti​. ​

Me ha costado mucho escribir estas líneas​. He llorado mucho antes de plasmar todo en un papel​,  pero no se trata de mí sino de tus ganas de saber y conocer el origen de tu situación​. El porqué​. Por​ qu​é lo hice​, por​ qu​é te hice eso​.​A veces la vida es dura aún para quien apenas tiene diez minutos de vida y está inmaculadamente cubierto de inocencia​. A veces toman decisiones por nosotros que podemos cuestionar mil veces​, pero que ya no podemos revertir​.

​Solo puedo decirte que lo siento​, lo siento muchísimo​. Hoy en día quizá tomaría otro camino​, seguro​. Pero en aquel entonces no tenía más opciones o mejor dicho​: no tenía una opción mejo​. Quizás sientas dolor​, rabia hacia mí​, o puede que el saber que fuese entregada en adopción de duela y mine tu autoestima​. No te culpes por nada. No hay fallos en ti que me hicieran dar ese paso,  no eres responsable de nada porque fuiste un milagro que apareció en los brazos equivocados. Hoy estás en tu verdadero hogar, con tu verdadera familia y yo solo fui el medio para canalizar esa magia. 

A mí también me crecen sentimientos de pena, rabia, culpa, odio hacia mí misma,… pero créeme que estás mejor así. Y sé que vivir con esto y digerirlo es complicado, hay una herida primaria en tu ser que poco a poco sanará, aunque deje cicatriz.

Querida hija, lo siento mucho. Te deseo felicidad plena, salud y alegría en todos los días de tu vida. Si algún día me necesitas, aquí estoy.»