Auténtica

Son varias las veces que he oído a mujeres, amigas y familiares decir eso de “yo cuando esté embarazada quiero que no se me note, no quiero perder la figura”.
En el embarazo no se pierde nada solo se gana. A veces se ganan kilos sí, pero también ganas felicidad y sobre todo ganas amor. Perder la figura, recuperar nuestro cuerpo, reconciliarnos con nuestra nueva anatomía. Es mucho más fácil que todo eso.

He visto madres que, con bebés de dos meses, portean sus hijos mientras hacen abdominales, reman o levantan pesas. Madres que se matan de hambre para bajar los kilos que han ganado durante el embarazo. Madres que se acomplejan de la piel de su vientre o de sus pechos. Y es que nos da envidia cuando una modelo se queda embarazada y “recupera la figura” tras el parto en 3 semanas o alguna famosa sale del paritorio con los abdominales intactos, pero es que eso no es lo normal ni lo natural.

Y no te estoy hablando de que aceptes por encima de todo tu cuerpo si no estás a gusto con él, no voy al otro extremo de querer cada poro de nuestra piel, pero dejemos de martirizarnos pensando que nos perdemos, que nos rompemos, que necesitamos arreglarnos después de dar a luz cuando sin duda es la mayor hazaña que pueda desempeñar cualquier persona y, por suerte, solo la llevamos a cabo las mujeres.

Os confieso que yo siempre he vivido acomplejada de mi nariz, de mi gran estómago que sale cual barriga cervecera, de mi culo, de mis piernas que se juntan y no ha sido hasta que he tenido a estas dos criaturas en mis brazos cuando por fin he podido relajarme, soltar y quererme por encima de todo.
Y si algo no me gusta intento cambiarlo pero no a fuerza de martillo, sino de una manera en la que yo esté cómoda haciéndolo, sin martirizarme, sin presionarme, sin marcarme unas expectativas tan altas que no las pueda cumplir y todavía me frustre más.

Sinceramente, hoy me quiero más que nunca y soy más auténtica de lo que he sido en toda mi vida.