28 de marzo de 2018. Después de cenar fui al baño y al limpiarme, en el papel había un grumo de flujo rosáceo que yo he relacionado con el tapón mucoso. No era tal cual lo había visto en fotos de Rous (mi amiga) o de Google, era muy denso y rosa. No era alargado y transparente con sangre como las había visto, por lo que tampoco estaba muy segura. Sin más papá y yo nos fuimos a la cama y esa noche noté como »cosas » en la barriga. No sé si eran contracciones pero era algo raro y ya se intuía que mi cuerpo se estaba preparando esto. Era en la noche del miércoles, justo antes de Semana Santa y no había nadie de mi familia en Madrid pero pasara lo que pasara estábamos preparados y felices de sentirte llegar.
29 de marzo de 2018. Sobre las 7:15 de la mañana escribía la abuela Mercedes porque había tenido contracciones por la noche. Desperté a papá y le escribimos algo así como »oye llevo toda la noche con la barriga rara y no sé si son contracciones o qué…» Ella me respondió que no sería nada, que mi cuerpo se estaría preparando y como estaba en la semana 38, pues aún quedaban unos días. Ni yo me atrevía a decirla que se quedara, ni ella hizo intención porque no se preocupó.Después del desayuno yo seguí anotando »cosas en la barriga» (cuando no has notado una contracción en tu vida no sabes lo que realmente está pasando y lo llamas »cosas» pero son contracciones en toda regla vaya) y escribimos a Sara y a Anabel, las matronas de Ancara Perinatal, que serían quienes nos acompañaría. Al poco ambas nos dijeron que no pasaba nada, que el cuerpo se estaba preparando y de aquí al parto podrían pasar unas horas o incluso días.
Ese día habíamos quedado en casa de la abuela Inés con las tías María y Ainara y los primos, así que nos fuimos todos allí a comer. Tuvimos que ir en la furgoneta porque yo en el coche ya no iba cómoda con tanta barriga y estas contracciones que me molestaban sentada, Las tías me preguntaron si ya tenía las »Braxton Hicks», es decir las primeras y no dolorosas contracciones, y yo las dije que algo notaba pero que poca cosa.
Hago un inciso para contarte que el día anterior, Paca, nuestra doula, vino a casa a ver donde teníamos todo guardado y me dijo »¿tú cómo quieres que sea tu parto?«, y ¿sabes qué? ¡¡que describí nuestro parto tal cual fue!! Además por la tarde del 28 fuimos a comprar las últimas cosas que nos faltaban para el parto en casa y menos mal porque llegamos muy justos…Según los médicos, el 9 de abril era el día en el que salía de cuentas pero a la familia les dijimos el día 14 de Abril para tener más margen y que no nos atosigaran. Ya te contaré cómo fue el embarazo y la noticia del parto en casa, pero eso es otro relato.
A las 16:00 le pedí a papá que nos fuéramos porque estaba cansada y ya no aguantaba más con la ropa puesta y sentada. Necesitaba ponerme cómoda y tumbarme en el sofá, además me dio una contracción fuertecita y quería estar tranquila en casa ¡porque donde la abuela éramos 12 personas! Nos fuimos a casa y a las 17 comenzaron las contracciones. Me daban cada 15 o 10 minutos y eran muy soportables así que papá y yo nos fuimos preparando. Nos duchamos y en la ducha me di cuenta de que en cada ola o contracción salía algo de líquido amniótico, pero muy poquito y transparente completamente.Después de la ducha papá salió al patio y se puso a hablar con el vecino Luis que estaba también en su patio. Yo salí a avisar a papá de que la cosa iba a más y el vecino me dijo: «¡Berta vaya cara tienes!» Yo me reí y pensé «si él supiera…» A todo esto todas las compañeras de la formación de doulas iban saliendo todo a tiempo real vía WhatsApp. Estuvieron ahí en todo momento dándome ánimos y me apoyé mucho en ellas, como las quiero.
Me descargué una aplicación para ir contando las olas y a partir de las 18h las contracciones llegaban cada 10 minutos. Las conté durante más o menos una hora porque luego me ponía muy nerviosa saber que iban a venir a las a las 18:30, 18:30, 18:40,… prefería dejar que el cuerpo actuase y olvidar el reloj.
A las 19 dejé el teléfono apartado y me despedí de las doulas (las únicas que sabían todo en directo), porque ya el dolor me dejaba «como un huevo frito» o eso les dije en mi último audio.
Preparamos la habitación con luces tenues y muy suaves, el humidificador con olor a sinus, un colchón bajo la cama con una gran toalla de playa, las compresas,… todo estaba preparado para que las chicas de Ancara tuviesen todo a mano. Se supone que vendrían dos matronas, Anabel y Sara y una doula, Paca.Uno de los momentos más graciosos fue cuando yo me subí a la habitación y papá se fue a poner la silla del coche por si acaso teníamos que ir al hospital (¿en serio, no sé en qué coño pensábamos en ese moemtno para ponernos a poner al puñetera silla del coche). El caso es que papá tardaba mucho y me asomé a la ventana para ver qué pasaba y le grité »¿te ayudo» (en realidad lo dije por cumplir porque no quería ir) y papá me dijo »sí por favor» ¡¡¡j**** tengo que bajar a poner la silla del coche y tengo unas contracciones que no veas!!!
El caso es que bajé a ayudarle y era muy difícil poner el isofix, tardamos mucho y me dio una contracción que me dejó a cuatro patas en medio de la calle. Ahora me parece muy gracioso pero realmente qué narices hacíamos poniendo la silla del coche, cuando no era necesaria, en un momento en el que las contracciones cada vez se hacían más fuertes. Estas cosas que tenemos tu padre y yo, que no sabemos estarnos quietos ni durante un parto. El caso es que la colocamos y ya teníamos todo listo para recibirte (nótese la ironía).
Durante las primeras contracciones estaba hasta emocionada y nunca tuve miedo, no temía que algo malo pasase. Sabía que tú y yo podríamos hacerlo juntos y solo necesitaba estar sola para llevarlas lo mejor posible. Sé que contesté mal a papá durante alguna ola porque solo quería estar sola y sentada en el baño y a veces fui borde con él. Se te tensa tanto el cuerpo, tienes escalofríos, y yo encima me hacía caca y pis a la vez,… por eso quería estar sola, por tener un poco de intimidad de soltar en el water todo y no tener a papá mirando mientras hacía caca. De vez en cuando me metía el dedo en la vagina para ver si te tocaba, pero aún estabas muy arriba y no te alcanzaba. En verdad nadie me dijo que hiciera esto pero como había oído que se podía hacer para motivarte si ya tocabas la cabeza, la verdad es que lo hice varias veces.
Anduve muchísimo entre contracción y contracción, no paraba de andar y creo que esto te ayudó a bajar tan rápido (porque para ser mi primer parto, fue muy rápido) y es que me entraban tantos nervios que lo único que podía hacer era deambular y deambular mientras respiraba.
Al final la música que preparamos no la puse y el humidificador tampoco pero la habitación estaba preciosa daba gusto estar allí en serio, una habitación grande con una cama grande, un gran colchón en el suelo, el baño con su gran bañera,… era una preciosidad la verdad.
Desde octubre estuve dando clases con Ana de Espacio Kaurí (la mamá de amiga Uma) y me sirvió muchísimo, para las posturas y los movimientos de la pelvis pero sobre todo también para vocalizar en cada contracción. Vocalizaba con la A y así «aguantaba» el dolor. Soltaba el aire y decía con la boca grande «AAAAAAAA» tanta fuerza que me hacía llevar mucho mejor la presión y el dolor.
Me ayudó mucho a pensar que la cavidad bucal está comunicada con la cavidad de la pelvis por todo el canal de la columna, y que todo lo que es arriba, es abajo. Así vocalicé, me humedecía los labios y sobrellevé cada ola lo mejor que pude. Con cada vocalización intentaba expulsar el aire lento y llevar toda la atención a la vagina, como si en vez de por la boca, el aire me saliese por la vulva.A eso de las 22:30 papá llamó a Sara la matrona y le dijo que las contracciones eran muy constantes y que cada vez eran más fuertes. Ya llevábamos unas cinco horas y pico así que acordaron que ella y Paca ya salían para casa y verían cómo va la cosa. Yo mientras tanto me iba haciendo mis «tactos» y en ese momento podía meterme el dedo corazón y no te tocaba la cabeza así que aún faltaba un poco hasta que bajases.
Papá preparó la bañera y la verdad es que no me apetecía meterme porque no quería pasar frío al quitarme la ropa y no me apetecía nada, pero finalmente lo hice y cuando entré fue un auténtico placer. El agua caliente me relajó mucho, tanto que entre contracción y contracción me llegaba a quedar dormida. La bañera que teníamos era enorme, era como una esquina entera del baño y si me tumbaba, entraba entera. Era como una especie de jacuzzi que tenían en la casa donde estábamos de alquiler. Me puse un cojín de viaje en el cuello y me quedaba frita. Papá estaba a mi lado sin hacer ruido sentado en un taburete pequeño mientras me escuchaba. El pobre estaba en un rincón quitecito sin hablar y a mi completo servicio.
El dolor a estas alturas ya era bastante insoportable cuando venían las contracciones pero entre una y otra mer podían relajar así que cuando volvía me enfadaba pensando «¿¿j**** otra más?? Con lo bien que estoy«, de hecho hubo en dos ocasiones en las que agarré a papá de la sudadera y le grité «no puedo, no puedo, no puedo». Y la verdad es que no podía más, era insoportable el dolor y en cada contracción me quería morir pero creo que ese fue el peor momento de todos. Papá solo me dijo: «Si lo estás haciendo tú sola«, y aunque en ese momento no me consolaba nada hoy valoro mucho esa frase.
Después de ese momento tan duro de dolor me dieron ganas de vomitar y de empujar, le pedí a papá algo para vomitar y me trajo una bandejita de cartón y vomité babas. No había comido nada en ese rato y solo bebí algo de agua. Eran las doce de la noche y yo ya estaba empujando, Paca y Sara no habían llegado aún pero no podía retener los pujos así que en cada contracción empujaba un poquito más y papá estaba bastante preocupado porque estábamos solos, pero todo estaba perfecto, no había ningún peligro. Mi cuerpo sabía hacerlo y lo estaba llevando a cabo de una manera natural calmada y tranquila.A las doce y media llamaron al teléfono de papá porque Sara y Paca estaban en la puerta. En ese momento pensé que me sacarían del parto porque estando solamente con papá estaba muy bien acompañada y temí un poco porque se parara o me sacara de ese trance tan maravilloso en el que estaba a pesar de la intensidad y del dolor de las contracciones. Entró Sara muy sigilosa en el baño y yo estaba tumbada en la bañera, parecía que flotaba en vez de andar, era súper delicada. Hablamos de cómo me encontraba y me dijo que quería escucharte y hacerme un pequeño tacto. Te escuchamos y ella dijo que estabas fenomenal, me hizo un tacto pero no me dijo de cuanto estaban y yo se lo pregunté porque me daba miedo que fuera de poco y me viniese abajo, pero me dijo: «no estás completa pero si quieres empujar, empuja». Salió del baño y le dijo a papá que ya estaba de 9 centímetros, no me quedaba nada.
Yo prefería no saber de cuánto estaba porque me agobiaba mucho contar las horas, saber cuántos minutos llevaba entre contracción y contracción, cuánto tiempo había pasado desde el inicio del parto, los centímetros,… a mí todos los datos objetivos no me sientan bien porque me hacen posicionarme en el neocortex y en la razón, y prefería es seguir en mi trance seguir en mi planeta parto y no tener en cuenta nada de estos datos escuchando al cuerpo era feliz y lo sentía suficiente.
Entraron los tres en el baño Sara, Paca y papá y yo me puse a cuatro patas para empujar en cada contracción. De repente noté como bajabas de golpe hacia la vulva y me asusté un poco porque tu cabeza ya estaba a punto de verse y tenía miedo del dolor al desgarro. Seguía empujando y empujando y tu cabeza ya estaba más abajo y mi vulva se estaba hinchando con los labios ardiendo. No podía cerrar las piernas, te tocaba perfectamente la cabecita. Entonces miré a Paca y a Sara y les dije: «tengo miedo de sentir dolor o de tener miedo al dolor y parar el parto» y Sara me dijo: »esto ya no se para«. Cn cada contracción tú entrabas y salías un poco más así que seguí y seguí empujando y gritando durante una larga hora y llegó la última contracción. Tu cabeza asomaba bastante y papá y yo te tocábamos y te hablábamos alentándote a salir y a estar con nosotros fuera de mi vientre.Estábamos súper nerviosos y excitados porque no quedaba nada para verte la cara, entonces me puse sobre mis rodillas y me agarré a los laterales de la bañera y empujé con todas mis fuerzas gritando »¡¡¡Diooooos!!!». Me estiré y miré hacia el techo gritando y empujando sentí como si mi columna vertebral se estirase y mi cabeza tocase el techo. Me hice gigante Aysel, gigante. Notaba como si mi columna fuera la cresta de un dragón, huesuda, fría, con las vértebras marcadas y mi cabeza chocaba sobre el techo del baño. Triplique mi tamaño y en ese grito salió tu cabeza.Me puse a llorar aunque tenía la vulva ardiendo, era súper feliz. Papá sujetó tu cabeza para que fuera él el que te recibiera y me decía: »no bajes el culo que se da en el suelo de la bañera». Hasta que llegó a la siguiente contracción me pareció que pasó una eternidad, me parecía que ya no tenía o que se me habían pasado y le dije a Paca: «¿ahora ya no me van a dar más?«, ella me miró y asintió y entonces llegó otra contracción y tu cuerpo entero salió.
Papá te cogió y te sacó del agua y tú saliste llorando mucho. Yyo me tumbé y te pusieron en mis brazos aunque Sara tuvo que retirarte el cordón umbilical porque lo llevabas atadito al cuello.
Papá y yo no paramos de llorar en un tono muy agudo y te hablábamos dándote la bienvenida, ya estabas con nosotros Aysel, ¡qué felicidad!
Salimos de la bañera y al ponerme de pie Sara me dijo que empujara para alumbrar la placenta, abrí un poco las piernas y salió casi sola. La colocamos en un bol y salimos de la bañera, me secaron bien y tú y yo nos tumbamos en la cama con la placenta al lado. Me puse unas bragas con una compresa muy grande y unos pantalones del pijama, y tú estabas sobre mi pecho. Paca hizo un batido de frutos rojos y probé un trozo de placenta mezclado no sabía a nada, era muy esponjosa y con mucha sangre. Te »bauticé» con la sangre de tu placenta y te pinte una huella en la frente para darte la bienvenida al mundo (papá te hizo una foto en ese momento y es mi favorita).En ese momento te pusimos al pecho para que te enganchases por primera vez y lo hiciste muy bien. Aysel eras tan precioso y te queríamos ya tanto. Naciste a la 1:34 del viernes 30 de marzo de 2018, Viernes Santo, y lo hiciste en casa, en la bañera. Fue un parto rápido y seguro y lo repetiría mil veces.
Sobre las cuatro de la madrugada Paca y Sara se fueron y los tres nos dormimos juntos en la cama hasta las 8. Tu primera noche con nosotros y la más bella y tierna de mi vida. Gracias por elegirnos Aysel. Te quiero muchísimo hijo mío.
